En Plaza de Cánovas 1, Chez Filete ocupa los bajos de un edificio modernista valenciano con una idea aparentemente sencilla: hacer menos, pero hacerlo con absoluta precisión. El proyecto, desarrollado por Francesc Rifé Studio, convierte esa reducción en lenguaje espacial, llevando la lógica de un restaurante construido alrededor de un único plato a una arquitectura interior contenida, cálida y perfectamente medida. Hablamos con el estudio sobre cómo se dio forma a un espacio compacto, urbano y muy consciente de su papel en la nueva escena gastronómica de València.

1. ¿Cómo llegó el proyecto de Chez Filete al estudio y cuál era el reto principal a la hora de dar forma al espacio?

El proyecto llegó de la mano de Pablo Salvo, que tenía la idea de reinterpretar el modelo clásico de L’Entrecôte Café de París y traerlo a València desde una mirada más contemporánea. Más que replicar un formato, quería construir una experiencia muy definida en torno a un único plato. Desde el principio entendimos que, si la cocina apostaba por la síntesis, el espacio también debía hacerlo.

2. ¿Qué papel tiene el diseño en la identidad de Chez Filete y en la experiencia que vive el cliente dentro del restaurante?

Siempre decimos que en un restaurante no hay jerarquías. La luz, los materiales, la música, el servicio o el propio plato tienen la misma importancia. El diseño no debería llamar la atención, sino ayudar a que todo funcione con naturalidad.

3. ¿Hay alguna decisión, detalle o momento del proceso que recordéis como especialmente significativo?

Seguramente el momento en que decidimos dejar de ver la geometría del local como una limitación. El edificio tiene una forma muy particular y, en lugar de corregirla, preferimos trabajar con ella. De ahí nace el banco curvo que recorre la sala principal y también la manera en que se organizan la barra y la relación con la cocina.

4. ¿De qué manera dialoga Chez Filete con València y de qué manera os gustaría que este proyecto contribuyera a la ciudad?

Creo que València está viviendo un momento muy bonito, cada vez más abierta a nuevas maneras de entender la gastronomía. Chez Filete es un ejemplo de ello. Demuestra que se puede construir una experiencia muy potente desde la contención, haciendo menos cosas, pero haciéndolas muy bien.

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